Caso Emely, y la doble moral de la sociedad-Por Rafael Gutiérrez-

Comparir en tus Redes
Caso Emely, y la doble moral de la sociedad
 
A propósito del caso Emely Peguero, da pena tener que reconocer que, a pesar de los lamentos y reflexiones de la opinión pública, nuestra doble moral como sociedad nos seguirá llevando por el derrotero en que vamos.
Vemos autoridades, medios y la sociedad decir amargamente que “se están perdiendo los valores”, pero yo pregunto: ¿Los estamos promoviendo? ¿Los estamos defendiendo? ¿Por qué los hemos sustituido? ¿Estamos educando, formando? Estamos construyendo escuelas, pero ¿estamos edificando hogares?
Mientras la gente, autodestructiva por naturaleza, se desenfrena en la impiedad y el comportamiento antisocial, el estado observa impávido y no actúa, muchas veces presionado por grupos que empujan en dirección contraria a la fe, las buenas tradiciones y los valores sin saber por qué.
 
¿Por qué un joven decide acostarse con una niña y luego prefiere matarla antes que hacer lo que debería ser natural: asumir su responsabilidad? ¿Por qué una mujer adulta y figura pública prefiere mentir y ocultar atrocidades, si tan solo sabe que puede retener un falso prestigio, poder y riquezas dudosas? ¿Por qué una madre acepta que su niña de 12 años entable relaciones sentimentales con un hombre mayor cuando aún no sabe siquiera qué es la vida? ¿Cómo una jovencita se deja convencer de que la mejor salida a su error es hacer algo ilegal, riesgoso, atroz y que pone en peligro su propia vida y la de una criatura?
Todas estas son crónicas de una sociedad retorcida que poda las ramas, pero no quema la raíz de un árbol cuyo fruto es veneno y ese veneno fluye en las venas de la próxima generación mientras a la vez embriaga la mente de los adultos.
Nuestros jóvenes valoran más tener ropa de marca (unos tenis caros, una gorra, un reloj), prendas y dinero en el bolsillo que el obtener una educación; se antepone el tener al saber, el hacer y el ser.
 
Nuestras jovencitas se han vendido al chapeo y la inmoralidad, aprecian más un celular moderno, unas extensiones, ropa, lujos y atraer por sus bondades físicas más que por tener pudor, merecer respeto y ser admiradas por lo que son y no por lo que aparentan o sus habilidades para complacer el morbo y las mentes enfermas de animales machos que no saben lo que es una mujer ni el valor que tiene.
El alcohol, la hookah, la música plebe y vulgar (donde el mensaje es sencillo: todos los jóvenes son delincuentes, violentos, traficantes y consumidores de drogas mientras que todas las jovencitas son prostitutas descerebradas que solo saben de alcohol, discoteca, dinero y sexo), el drink, el baile sugestivo (que ya ni siquiera es sugestivo, sino sexo con ropa en público), la sexualidad precoz, el WhatsApp para nada útil, la pérdida de tiempo, el entretenimiento vacío, la infidelidad como cosa natural (vamos, cantemos todos: “¡felices los cuatro!”, el irrespeto y cuantos antivalores podamos imaginar han tomado el lugar de la familia, el hogar, la fe, la escuela, las buenas tradiciones, la urbanidad y la decencia, pues estas últimas son cosas del pasado…un pasado que algunos recordamos con nostalgia diciendo siempre que “las cosas entonces eran diferentes” que “ya nada es lo mismo”, mientras que otros le llaman “atraso”.
 
Si no observamos estas conductas, estos escollos y estos pininos de nuestra juventud en el camino de la perdición y la autodestrucción; si no reaccionamos con cordura y empezamos a hacer lo que hace mucho debimos haber iniciado: asumir y enseñar normas, reglas y códigos de vida, establecer límites y vivir guiados por ellos porque así nos conviene; si no hacemos nada al respecto, seguiremos perdiendo lo mejor de nosotros: nuestros jóvenes y niños, nuestros matrimonios, nuestras familias, nuestros valores, nuestra fe, nuestras vidas y por ende nuestra sociedad.
 
El Estado debe actuar y unirse en cooperación con toda organización e individuo que sea capaz de empujar en la dirección correcta y a la vez dejar de presionarse por grupos que pretenden confinar la fe, los valores y las buenas tradiciones al ámbito privado…por favor, ¡cesen de su maldad! Las debilidades de ustedes no pueden convertirse en las normas de los demás.
Señor, ten misericordia de esta sociedad e ilumina a sus moradores así como a sus dirigentes y quita de en medio toda piedra de tropiezo; y tú ciudadano o ciudadana….¡reacciona! Mira el centro de tu bandera, medita en su significado, encuentra en ello nuestro origen y la forma noble en que todo empezó, no abandones el ideal de quienes forjaron esta nación, sino continúa con tu vida y tus hechos lo que ellos iniciaron. La guerra no se ha perdido, pero tú necesitas actuar…
 
El autor es licenciado en administración de empresas, con una maestría en administración (MBA) y una maestría en Dirección de Comunicación Corporativa (MDCC), locutor, políglota y líder religioso.
Facebook Comments
Comparir en tus Redes

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*