Feminicidios; salvajismo o machismo

 

Por Miguel Ángel Gutiérrez 
Feminicidios; salvajismo o machismo
 
He sostenido con relación a la alta tasa de “feminicidios” en la República Dominicana, mi tesis de que nuestra sociedad más que una sociedad machista es una sociedad salvaje, ya que el machismo puede desencadenar algunas muertes violentas pero no justifica el estado de descomposición familiar y social que estamos viviendo y que ha sido la causante de que las cifras de muertes violentas sean realmente alarmantes.
 
El machismo es una “ideología” que engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a promover la negación de la mujer como sujeto indiferentemente de la cultura, tradición, folclore o contexto; esto es corroborado por estudios científicos que determinan cuales son las actitudes del hombre machista, de las cuales me permito citar las más notorias; Según ellos, son poseedores de la verdad, y cualquier cosa que una mujer no entiende, es estúpido o poco inteligente. El hombre machista se cree el mejor y con más conocimientos que cualquier otra persona.
Alardea su conciencia de salud y suele ser exagerado. También puede excederse en el juego, su amor por las motocicletas o los vehículos de motor, o su empeño de perseguir a la mujer de turno en la que está interesado.
A pesar de que invierten mucha energía en conquistar a una mujer, la mujer es como un adorno. La mujer es ama de casa se queda en casa, como buena dama. No tienen derecho a esperar a su hombre, y cuando este llega, debe abalanzarse a sus brazos. Además, utiliza diminutivos para llamarla.
 
Demuestran una gama de sentimientos limitados, entre estar feliz y sentirse enojado. Es capaz de derramar una lágrima si le sucede algo a su madre o si su perrito ha muerto, pero sólo por eso.
Les enoja sentirse triste, estar confundido, sentir dolor o cualquier otra emoción de no felicidad. Por lo regular hace creer que no tienen ningún problema, todo lo que se relaciona con él, es perfecto, por lo tanto, no tiene ningún problema. Y si por casualidad lo hubiera, los problemas deben ser ignorados, y sólo desaparecerán o serán reemplazados por otro problema.
 
El machista cuida mucho su apariencia y se adhiere a conceptos básicos de aseo personal al pie de la letra. Se mantiene limpio, se afeita y hasta mantiene sus uñas cortas. Su vestimenta es sencilla, pero limpia y bien masculina. Cree que su pareja sólo lo necesita a él, y cuando descubre que ella puede ser feliz con amigos, familia y otras personas, comprende que no es tan poderoso como se creía.
 
El hombre machista tiende a creer que su madre es la única y mejor de todas las mujeres. Quiere que su pareja le cocine todos los días, y cuando ella habla con sus amigos, hace una gran escena de celos y se enoja. Acusa a su pareja de ser infiel si demora unos minutos en responderle una llamada, ya que los celos y la inseguridad son dos características que distinguen a los hombres machistas, aunque el sentimiento de poder sobre la mujer es lo que básicamente le define.
 
Si después de analizar estas características del típico machista y conocer las estadísticas criminales en la República Dominicana se hiciese un estudio científico honesto del perfil del típico asesino de mujeres o feminicida, y se tomase en cuenta la alta cantidad de hombres que mata a su pareja o expareja sentimental y luego se suicida, entiendo que se determinaría que en su inmensa mayoría no se trata de simple machismo, sino de una extremada violencia y una excesiva falta de educación familiar y una incorrecta política del Estado que poco le importa la familia y la sociedad, mas que para pagar impuestos y mantenerlos engatusados para arrancarle un voto inconsciente cada cuatro años.
 
Tanto el machismo, como la violencia en sentido general, son males sociales que hay que erradicar desde el hogar, que hay que trabajar desde que el niño adquiere el más mínimo conocimiento, es una tarea en principio de los padres y luego una tarea compartida entre la familia, el Estado y la misma sociedad.
 
El hecho de que en lo que va de año, en Santiago han asesinado a 140 personas, entre ellas a 15 mujeres; y el hecho de que en los últimos 12 años, en nuestro país han asesinado a 26, 700 personas, entre ellas aproximadamente a 2,500 mujeres, evidencia mi tesis de que más que machista, nuestra sociedad es salvaje, pues el hombre dominicano mata a hombres, mujeres, niños, ancianos y familiares en sentido general y, la actitud de muchas de nuestras mujeres no es la más adecuada, pues viven mal asesoradas con relación a su importante roll como madre, esposa y ciudadana.
Hay que dejar la hipocresía y el querer caer simpático de quienes dirigen, hay que decirle al hombre y a la mujer las cosas en las que están fallando, así será más fácil reducir la alta tasa de feminicidio y violencia generalizada.
 
Siendo así, creo que RD más que un país de hombres machistas, se ha convertido en un país de salvajes, donde el hombre mata a su propia madre, hermana, hermano, esposa; la mujer por su parte no comprende su roll de madre y esposa, y no comprende además de que su pareja en ocasiones es una fiera asesina de la cual debe salir con mucha cautela. En definitiva creo que la palabra familia no existe en los labios de nadie, especialmente del Estado.
 
Un Estado que permite que mueran indefensas mujeres, las cuales después de recibir una golpiza de su pareja, tras querellarse, ellas mismas tienen que llevar la cita a su verdugo; estado cuyas campañas al igual que las de los políticos en sentido general y las organizaciones feministas son campañas equivocadas y en ocasiones hipócritas y electoreras, campañas que fomentan la división entre las parejas, en vez de llamarles a fortalecer la familia, porque ya el concepto de familia para el Estado es un concepto moderno que permite y fomenta que tanto el hombre como la mujer pueden violar con su apoyo hasta las leyes divinas; un estado al que le simpatiza el asesinato desde el vientre de la madre, y que además le simpatiza más el matrimonio “feliz” entre congéneres que el matrimonio entre un hombre y una mujer.
 
Si no nos vamos a la raiz del problema, que sin lugar a dudas se encuentra en el seno de las familias, la situación empeorará.
No hay solución al alto índice de feminicidio y de violencia en sentido general, si no fortalecemos la familia, involucrándonos todos, sin hipocresía, sin demagogia política y sin discursos complacientes para lucir simpáticos, como los de políticos y demás organizaciones e instituciones que ni siquiera son capaces de recordarles en sus acostumbrados discursos separatistas, tanto al hombre como a la mujer, que deben ir uno al lado del otro y cuales deben ser sus papeles como padres, como madres y como esposos; son incapaces además, de incluir en sus discursos alegres y simpáticos, la palabra familia.
Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *