Racismo o discriminación social en RD -Por Rafael Gutiérrez-

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Por Rafael Gutiérrez

Racismo o discriminación social en RD

 

Hoy me encontré con una publicación de una buena amiga de la infancia, quien relataba sus constantes experiencias amargas en nuestro país por el solo hecho de ser una madre negra con una hija blanca y de cómo se siente discriminada e irrespetada donde quiera que va con su bebé por los comentarios incautos de ciertos transeúntes.
Al leer su comentario, sentí la necesidad de aportar mi visión del asunto y, habiendo sido objeto de eventos semejantes en mi vida – por ser un negro hijo de una mujer blanca – lo que he llegado a analizar, tratando de no caer en el reduccionismo ni en la simplicidad argumentativa, pero resumiendo mi concepto sobre la realidad la dicriminación y el “racismo” dominicano, esto le comenté:
“…tranquila, te lo dice un negro hijo de blanca que creció escuchando a la gente alabar a su madre por ser tan generosa al “recibir ese muchachito y criarlo”…
 
La realidad es que no creo que el dominicano sea intrínsecamente racista, sino que una minoría de descendientes criollos de la Península Ibérica, árabes, libaneses, italianos y otros europeos con apellidos sonoros (sin cargarle el dado a nadie y sin alusiones particulares) quienes acaparan una parte importante de la riqueza y el prestigio social en el país – enriquecidos por lo general por los favores de tiranías vergonzosas (si se respetaran devolvieran lo que les regalaron a precio de mentiras, sangre y muerte) – se dieron a la tarea de crear un clasismo socioeconómico infundido que coincidencialmente se relaciona mucho con el color de piel, no por ser negro o blanco, sino porque esos inmigrantes de lugares donde la tez es más clara fueron beneficiados grandemente con una “gabela económica” que les llevó posteriormente a imitar el modelo discriminatorio, muchas veces racista, propias de otras regiones (como Europa, EE.UU., Sudamérica, etc.), pues eso les da ventajas adicionales que el ser humano siempre quiere tener y aprovechar por encima de los demás. En pocas y llanas palabras, ‘el pueblo no estaba en eso, sino que lo pusieron en eso quienes podían hacerlo’. A mi juicio, el pueblo “de a pie” simplemente ha imitado esos comportamientos como una forma de movilidad, de aceptación social y de “trepadurismo socioeconómico”, convencidos de que quienes te pueden dar acceso a los medios de sustento, producción y reconocimiento son muchas veces precisamente quienes piensan así y por ende nos hemos llegado a convencer de que “ser negro es malo” o “ser negro, malo o no, no conviene” pues se te cierran las puertas (de un trabajo, de un puesto, de una amistad, de un club social, de un establecimiento, de una relación sentimental, del respeto, del reconocimiento de tus cualidades reales, de un negocio y de muchos otros beneficios)…cosas que todos queremos, pero que resulta injusto obtener de esta forma. Para colmo de males, esa obnubilación se traspasa de una generación a otra y crecemos pensando así.
Sin embargo, el infeliz no escribe las reglas y la ignorancia facilita seguirlas, aun cuando sean ridículamente injustas y abusivas.
 
A todo eso, agrégale la ignorancia y el complejo de un tirano que gobernó este país por 30 años, quien le dio acceso a muchos de estos ‘nuevos ricos pálidos’ (si, porque sus padres o abuelos vinieron de la clase trabajadora de sus países de origen y llegaron al país con una mano delante y la otra detrás) mientras el sátrapa “blanqueaba la isla”, cuya herencia lamentablemente aún está presente y mantiene vigencia en la realidad social que vemos en nuestro país día a día.
 
La discriminación en RD no se puede describir como “meramente racial” ni natural, sino como artificial, económica y social, provocada por una minoría que “le puso más leche al café” (como dice Niche) en un pueblo de ADN y naturaleza mulata, caribeña, africana, antillana y negra, pero dominado por esa minoría engreida e ignorante.
El autor es licenciado en administración de empresas, con una maestría en administración (MBA) y una maestría en Dirección de Comunicación Corporativa (MDCC), locutor, políglota y líder religioso.
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