A mí qué me importa! – Por Heber Reyes –

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Por: Heber Reyes

 

¡A mí qué me importa!

¿En algún momento has escuchado o has dicho? ¡A mí qué me importa!

Sin lugar a dudas y sin temor a equivocarme, esta es la frase más irresponsable que conozco…la misma es utilizada por un sin número de personas o quizás por usted mismo. «A mí qué me importa» es una expresión, que encierra en las personas el más alto grado de irresponsabilidad e indiferencia, ya que la misma, por lo general, la utilizamos sólo cuando no mostramos interés en algo o cuando no tenemos ese sentimiento afectivo de servicio que debemos tener las persona.

He visto y he escuchado esta expresión, provenir de personas cultas y preparadas academicamente, con dos y tres títulos universitarios, maestrías, doctorados, postgrados, etc…y que al mismo tiempo, representan un lugar privilegiado en la sociedad. A veces, de posición o rango dependiendo de la entidad pública o privada que represente en cualquier ámbito en la vida nacional e internacional.

Con esto, no quiero dejar dicho, que esta frase sólo se enmarca en quienes académicamente se han preparado, porque también la escuchamos, en personas que no tienen ningún tipo de formación de hogar o preparación escolar. Sin embargo; es más excusable escucharla de una persona de bajo nivel escolar, que de alguien que sí se ha formado y preparado.

Desafortunadamente, estamos repletos de personas con estas características, y lo delicado es, que por lo general, quienes más dicen expresión, son los supuestos «intelectuales y cultos». Y todo parece indicar, que después de sus logros y metas alcanzadas, el ego, la prepotencia, la arrogancia, el dinero o el poder desmedido, lo convierten en pequeños dioses terrenales, en donde la única voz y la única palabra que vale, es la de ellos.

De repente, desaparece la humildad y los sentimientos afectivos de ellos, y todo es: ¡A mí qué me importa!

Si alguien les dice: «Señor, el empleado Juan, tiene a su madre enferma y necesita de una colaboración, la respuesta es: ¡A mí qué me importa!

El vuelo sale a las nueve de la mañana, te va a dejar y todavía tú estás en casa dando vueltas, ¡a mí qué me importa!

Tu madre y tu padre necesitan verte y quieren hablar contigo algo muy serio, ¡a mí que me importa!

No subas ese radio a tan alto volumen que le va a molestar a nuestros vecinos, ¡a mí qué me importa!

Tienes que limpiar la casa, porque hoy nos visitará el padre Ignacio, ¡a mí qué me importa!

Hay que reajustarle el sueldo a ese empleado, porque es bueno, cumple con sus obligaciones, tiene compañerismo, se identifica con la institución y es muy serio y respetuoso, ¡a mí qué me importa!

Ese «a mí qué me importa», es el que muchos decimos y el que un día vendrá como un misil en contra nuestra, sobre todo, cuando nos veamos en la necesidad o en la enfermedad. Ese «a mí qué me importa», es el mismo que nos hará recordar a cuántas personas les fuimos indiferentes y nunca le tendimos las manos. Simplemente, porque nos vencieron los prejuicios de superioridad y grandezas ante los demás…los mismos, que nos hicieron creer que en la vida, que todo, ¡absolutamente todo, debe girar a nuestro alrededor!

La vida es corta y el tiempo nos apresura. No hay ni existe otra oportunidad aquí en la tierra después que hayamos partido y cumplido nuestra misión terrenal. El tiempo de importantizar a los demás, ¡es ahora!

Es mejor que te importen las cosas y las personas, y muy especialmente, si es para servirle a un ser humano. Porque, de quien menos pensamos, es de quien puede venir la bendición a nuestras vidas. Como dice el refrán: «Hoy por ti y mañana por mi».

Aquí, les comparto una breve historia que nunca olvidaré: «Fue, aquel día, que yo me mudaba de un sector a otro en Santo Domingo, cuando la única persona que se ofreció a ayudarme y cargar con la mudanza, fue al que todos rechazaban por ser un drogadicto, un ladrón y un atracador. Sin embargo; en ese momento, todos los demás amigos del sector, sólo me veían sacar mis pertenencias y ninguno se ofreció como lo hizo esa persona. ¿Y saben qué descubrí en ese amigo al que todos veíamos como el drogadicto, ladrón y atracador? Descubrí un sentimiento de gratitud qué él llevaba hacia mí, porque me dijo: «Inspector», así era como él me llamaba. ¡El único que siempre me da algo cuando yo le pido, es usted! Por eso, yo quiero ayudarle…¡Qué lección de vida me dio!

En otras palabras, el mundo da muchas vueltas y la gratitud está al doblar la esquina, solo es cuestión de vivir la vida para ayudar a quienes nos necesitan.

¿Saben algo? ¡Tú me importas!

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