Margarita Cedeño propone como reto gubernamental aprovechar el «potencial» de música urbana

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La ex vicepresidenta de la República e integrante del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Margarita Cedeño, propone aunar voluntades para que el llamado género de música urbana se convierta en un vehículo de educación y difusión de valores humanos.

El planteamiento de Cedeño está contenido en su más reciente columna “Agenda Social” que titula en esta ocasión “Lo difícil de las buenas letras” y que reseña en una nota la Secretaría de Comunicaciones del Partido de la Liberación Dominicana.

La Coordinadora del Gabinete Social durante el pasado gobierno analiza el citado fenómeno artístico cultural en el contexto de vertiginosidad e inmediatez de las plataformas digitales de divulgación, las que a su entender obligan a una reformulación de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicas y Radiofonía (CNEPR).

“En las últimas se­manas se ha en­cendido el deba­te en torno a las letras de muchas canciones, especialmente las del género urbano, que en al­gunos casos resultan ofensi­vas, presenta a la mujer co­mo un objeto, promueven el uso de estupefacientes y la búsqueda del dinero fácil. El tema es complejo y muy di­fícil de abordar en un mun­do de redes sociales, Spotify, YouTube y otras plataformas que de la forma más libre permiten compartir todo ti­po de contenidos, buenos y malos.”, expone en el párrafo inicial la ex vicemandatario.

Continuó haciendo una retrospectiva del rol que llegó a jugar en los años 1970 doña Zaida Ginebra viuda Lovatón, a su entender “la única que hi­zo funcionar correctamente” la CNEPR, la cual “hoy en día se ha quedado estancada en el pa­sado”, debido a la dificultad de implementar mecanismos de censura de contenidos musicales y producciones artísticas.

Advierte Margarita Cedeño en  la contemporaneidad ni doña Zaida hubiera podido lograr el control de sistema de socialización y divulgación cultural como las redes sociales.  “…la facilidad con la que los jóvenes graban música o hacen videos, con una veloci­dad prácticamente en tiempo real, dificulta a las institucio­nes públicas darle seguimien­to a todo lo que sucede en el mundo del entretenimiento.”, argumentó para agregar que son atajos para la aceptación y validación social mediante la generación de riquezas extraordinarias y popularidad, guiados por las demandas del mercado.

“En el ejercicio guberna­mental pasado, implemen­tamos la iniciativa “Música Urbana por los Valores” co­mo una forma de generar un cambio en la música que más gusta en este momen­to, pero contando con la par­ticipación de los exponentes actuales y apostando por un cambio paulatino en la forma como se produce música en nuestro país.”, recordó Margarita Cedeño pasando a la mente que el esfuerzo no rindió todo lo esperado porque “lamentable­mente y a pesar de muchos esfuerzos, el contenido pro­ducido en base a una estra­tegia de promoción de valo­res no recibe el apoyo en la radio, la televisión y las pla­taformas digitales”, porque no es rentable.

Al sugerir que la música urbana podría ser una vehículo de denuncia social, promoción de valores y entusiasmo por la educación, dice que los artistas urbanos son víctimas de la alienación por el tiempo y las profundas raíces de los problemas que padecen en sus habitantes que los ven como algo natural y por ello sus letras obvian las situaciones de “pobreza, el embarazo adolescente, el matrimonio infantil, los efec­tos negativos de las drogas y el crimen organizado, entre otros más.”

Margarita Cedeño considera que hacer socialmente aprovechables las letras de los llamados artistas urbanos representa un reto de políticas públicas, y que parte de ese reto de los propios artistas que deben comprender “la dimensión de los problemas sociales y los integren cada vez más a sus letras, desde el entendimiento de que sus le­tras pueden ayudar a que es­tas situaciones puedan dismi­nuir.”

Termina planteando la ex Vicemandataria de la Nación que la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos debe asumir una labor educativa, integrar a los artistas para que apoyen en la educación de sus segui­dores y en la promoción de valores desde la música.

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