Santo Domingo, R.D.- Mark Rumors, seudónimo creativo del escritor/periodista digital/creativo/locutor romanense Marcos Antonio Sánchez Martínez, ha irrumpido en la narrativa dominicana contemporánea con una propuesta inusual: thriller psicológico, narrativa episódica y expansión transmedia.
Tras el impacto de Relatos Biográficos: 1983-2023, el autor dio un giro radical con The Pop Killer, una novela negra psicológica publicada semanalmente que combina crítica social, tensión criminal y elementos musicales originales como parte integral de su universo narrativo. El versátil autor nos responde puntualmente detalles esenciales sobre su proyecto literario:
Relatos Biográficos: 1983-2023 presentó al público una faceta íntima y testimonial de Marcos Sánchez. Sin embargo, con The Pop Killer, Mark Rumors emerge con una identidad completamente distinta. ¿Qué provocó esa transición hacia territorios mucho más oscuros y psicológicos?
Marcos Sanchez: No me gusta repetirme. Además, la idea de The Pop Killer vagaba en mi cabeza justo después de terminar Relatos Biográficos: 1983-2023 en 2014. El género thriller psicológico permite expandir una buena historia conceptual si se tiene un antagonista no convencional. Es una oportunidad brillante para explorar múltiples aspectos del accionar social y además desarrollar una sólida práctica antropológica dentro del contexto del antagonista y su reacción frente a cómo percibe a la sociedad.
En un contexto literario dominicano donde el thriller psicológico sigue siendo poco común, usted decidió construir una novela episódica con estructura casi televisiva. ¿Sintió que estaba rompiendo deliberadamente con ciertos esquemas tradicionales de publicación y narrativa?
MS: Sin duda. A mis 11 o 12 años escribía poesías, acrósticos e historias de amor, pero necesitaba explorar más opciones literarias. Incluso escribí un cómic de 20 capítulos enormemente influenciado por los superhéroes de DC Comics, y aquello terminó siendo un experimento previo a pulir mi creatividad y atreverme a explorar propuestas más complejas. Lo raro llama la atención, y desde esa edad ya sabía que podía contar historias hilvanadas coherentemente.
Desde el inicio del proyecto existió una canción oficial titulada The Pop Killer, y posteriormente llegó Moral Sobriety como soundtrack del desenlace. ¿Qué papel juega realmente la música dentro del ADN narrativo de la novela?
MS: Esas canciones forman parte de una narrativa transmedia. Desde mi alter ego creativo de Mark Rumors puedo romper esquemas y crear un diálogo entre literatura, música y narrativa episódica. Moral Sobriety es hermana de padre y madre de The Pop Killer. De hecho, el título Moral Sobriety fue tomado directamente de un párrafo de la canción The Pop Killer. Si hubo una canción soundtrack para una novela episódica digital en plena publicación, era imperativo crear otra para el cierre de la historia.
El antagonista de The Pop Killer no solo asesina: construye simbolismos, manipula la percepción pública y transforma el crimen en espectáculo mediático. ¿Hasta qué punto el personaje funciona como una crítica a la obsesión contemporánea con la viralidad y el consumo del horror?
MS: No solo desde una perspectiva contemporánea; es algo prácticamente congénito en la sociedad. Existe mucha dualidad marcada por las clases sociales. Un día alguien con enormes recursos financieros despierta queriendo recorrer su vehículo deportivo de última generación, pero ni siquiera tiene dónde hacerlo. Por otro lado, alguien sin esas facilidades puede sentirse invisible porque entiende que no le importa a nadie. El antagonista le enrostró parte de esa dinámica a la sociedad y evidenció lo hipócritas que podemos llegar a ser al exhibir sus crímenes en medios digitales. Obviamente, su accionar no es plausible, pero encontró un método capaz de arrancarle el velo al comportamiento social.
Patrick Löwenthal y Anthony Martínez poseen perfiles culturales y psicológicos muy distintos, pero juntos sostienen el peso emocional de la investigación. ¿Cómo trabajó la dinámica entre ambos para evitar que fueran simplemente “los detectives que persiguen al asesino”?
MS: Patrick Löwenthal y Anthony Martínez representan mente y músculo, pero son mucho más complejos que eso. Los orígenes de Martínez están en República Dominicana y llegar a donde llegó requirió esfuerzo, sacrificio y determinación. Löwenthal, en cambio, proviene de una acomodada familia aristócrata alemana que emigró a Estados Unidos eludiendo la Segunda Guerra Mundial. Su educación fue privilegiada. Ese contraste entre un joven proveniente del Caribe con pocas oportunidades y otro formado dentro de un entorno elitista creó la simetría perfecta para convertirlos en personajes complejos y humanos, más allá de dos tipos con placas de detectives.
Muchos lectores destacan que The Pop Killer se siente cinematográfica. Considerando su experiencia como analista de cine, actor y locutor, ¿cree que su formación audiovisual terminó influyendo inevitablemente en la manera en que construye escenas, tensión y diálogos?
MS: Inexorablemente. Estoy viendo cine desde mis primeros años de adolescencia. Me crié dentro de una cultura de ir al cine semanalmente, tanto a estrenos como a matinés de domingo. Además, un vecino tenía un proyector cinematográfico donde veíamos películas clase B de aventura y ciencia ficción en blanco y negro. Cuando descubrí que podía desarrollar historias con estructura narrativa coherente, la influencia cinematográfica se volvió inherente a mi manera de escribir.
Uno de los aspectos más inquietantes del antagonista es que jamás se percibe a sí mismo como un monstruo tradicional, sino como una especie de mensajero moral. ¿Era importante para usted crear un villano intelectualmente perturbador antes que brutalmente explícito?
MS: Sí, porque no quería un antagonista sin propósito. Necesitaba a alguien con vocación, alguien a quien el sistema le falló por no poseer un apellido sonoro. Una persona preparada en lo que quiso ser, pero que terminó usando parte de ese conocimiento para incurrir en actos que reñían seriamente con la ley. Criticó el Quinto Mandamiento, pero sus ejecuciones creaban una pesadilla contractual. Se veía a sí mismo como salvador y castigador moral al mismo tiempo. En esencia, un lunático con propósitos nefastos.
Publicar capítulos cada viernes convirtió la novela en una experiencia semanal de expectativa constante. ¿Cómo ha impactado la reacción del público en su proceso creativo mientras la historia sigue desarrollándose en tiempo real?
MS: Muchísimo. El hecho de recibir una avalancha de inquietudes por correo electrónico, Facebook Messenger, Instagram y WhatsApp dejaba claro que decenas de lectores estaban completamente inmersos en descubrir qué ocurriría más adelante. Como autor, es el tipo de retroalimentación que te confirma que tu invención logró impactar emocionalmente a las personas.
Ahora que Lost Land ha sido anunciado como su próximo proyecto —una novela de ciencia ficción distópica psicológica—, ¿considera que existe un hilo temático entre ambos universos, especialmente en torno al control, la percepción y la manipulación humana?
MS: Existen ciertas similitudes relacionadas con el uso del poder. Lost Land es incluso más compleja porque su antagonista termina convirtiéndose en el responsable del futuro del último reducto de la humanidad y, según su visión, el método implementado responde únicamente a su ego y no a un consenso colectivo. Además, hay una referencia sutil dentro de Lost Land que conecta con The Pop Killer. El lector deberá prestar mucha atención para descubrirla, porque está escondida a plena luz.
Con un thriller psicológico como The Pop Killer y una futura incursión en la ciencia ficción distópica con Lost Land, da la impresión de que Mark Rumors busca construir una identidad autoral alejada de lo convencional dentro de la literatura dominicana. ¿Cuál siente que será finalmente el sello distintivo de su obra?
MS: Mark Rumors busca crear una identidad autoral alejada de lo convencional dentro de la literatura dominicana. Eso es irrefutable. Hurgar más allá de lo establecido es algo natural en mí, porque siempre me veo como un aprendiz permanente.
Conclusión y declaración final
Con The Pop Killer, Mark Rumors demuestra que la literatura dominicana todavía posee territorios inexplorados capaces de dialogar con el thriller psicológico contemporáneo, la narrativa transmedia y las tensiones sociales de la era digital. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada terminó convirtiéndose en una experiencia episódica donde música, crimen, filosofía, cultura pop y crítica social convergen dentro de una misma visión autoral.
Lejos de conformarse con estructuras tradicionales, Marcos Antonio Sánchez Martínez continúa construyendo —desde el alter ego creativo de Mark Rumors— una identidad narrativa que apuesta por personajes complejos, antagonistas incómodos y universos donde la moral, el poder y la percepción pública chocan constantemente.
Con el cierre de The Pop Killer y la futura llegada de Lost Land, queda claro que Mark Rumors no busca simplemente escribir historias: busca crear experiencias narrativas capaces de permanecer en la mente del lector mucho después de la última página.













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